sábado, 22 de diciembre de 2012

Amor y odio.


Nunca me he parado a pensar quien soy, siempre le doy vueltas a todo lo que pasa a mí alrededor. Lo que le pasa a la gente, al mundo, a todo. A la gente que quiero, a los problemas, a las incógnitas de la vida. Pero nunca me dedico tiempo. A mí, a mi vida. Será porque no tengo de eso a lo que llaman ‘vida’. Será que la he perdido.
Nunca me ha gustado pensar en mí, no me gusta ser egoísta. Es más en el momento que me siento mínimamente egoísta, me castigo duramente hasta que echo por tierra toda mi moral. Será que soy demasiado exigente conmigo misma. Tuve que aprender a vivir de otra manera, me sentía tan mal con mi vida, que empecé a vivir por la de aquellos a los que quiero. Supongo que es extraño, pero puede llegar a ser satisfactorio hasta cierto punto, o también doloroso.
Siempre me han tenido por rara, extraña. Yo me calificaría más bien ‘diferente’ o ‘peculiar’ que connotan algo más positivamente mi forma de ser.
Nunca me he parado a definirme, pero llegan tiempos duros a mi ‘’vida’’ o a eso que tengo, que no sé cómo se llama, y creo que me hace falta analizarme para ser fuerte.
Mi ‘’vida’’ es una incoherencia, es un teatro de estos irónicos, surrealistas, dramáticos o simplemente una puñetera pesadilla.
Las cosas que veo a mi alrededor me repugnan, a la vez que otras me parecen surrealistas y muy tristes.
Odio tantas cosas. Me dirán quisquillosa pero lo siento, no puedo con injusticias, desprecios y malas palabras hacia cualquier persona. Es como si me lo dijeran a mi.
Odio todo aquello que connota desprecio. Odio el materialismo y la posesividad. Odio toda aquella persona que le quita la vida a otra por puro entretenimiento y le hace sufrir de forma impasiva como si de un objeto se tratase. Odio la mentira a grandes escalas, de esas mentiras que hasta el propio mentiroso acaba creyéndose y hacen un daño increíble. Odio la hipocresía. Odio la prepotencia y los aires de grandeza. Odio las miradas por encima del hombro. Odio las medias palabras. Odio que la gente aparezca cuanto todo va mal, y cuando eso pasa se las trague la tierra y te miren como a desconocido. Odio que la gente no valore las cosas que se hacen con buena intención. Odio lo injusto. Odio dar tanto, para recibir tan poco. Hay una lista interminable, no sabría donde acabar…o quizás sí. Odio odiar tanto. Odio toda esa ira que me consume por dentro. Me odio a mí.
No todo lo que hay en mi es odio, para nada. Adoro hablar y escuchar. Adoro dar consejos y ser coherente. Cerrar los ojos, imaginar y sentir. Adoro escribir y expresar todo aquello que pasa por mi mente. Adoro la música, escribirla, cantarla y tocarla. Adoro las cosas simples, sencillas. Adoro que me quieran y querer sin límites. Adoro mirar las estrellas, sola o acompañada. Adoro estar con quien quiero, en el lugar más humilde que exista, sin lujos ni gastos innecesarios. Adoro conocer personas y no a gente. Adoro hacer reír , es mi incentivo para seguir viviendo, ver a la gente que quiero feliz. Esa felicidad que yo jamás podré tener.
Mi vida es un bucle de amor y odio constante. ¿Quién ganará este pulso?

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