Nunca me he parado a pensar quien soy, siempre le doy
vueltas a todo lo que pasa a mí alrededor. Lo que le pasa a la gente, al mundo,
a todo. A la gente que quiero, a los problemas, a las incógnitas de la vida. Pero
nunca me dedico tiempo. A mí, a mi vida. Será porque no tengo de eso a lo que
llaman ‘vida’. Será que la he perdido.
Nunca me ha gustado pensar en mí, no me gusta ser egoísta. Es
más en el momento que me siento mínimamente egoísta, me castigo duramente hasta
que echo por tierra toda mi moral. Será que soy demasiado exigente conmigo
misma. Tuve que aprender a vivir de otra manera, me sentía tan mal con mi vida,
que empecé a vivir por la de aquellos a los que quiero. Supongo que es extraño,
pero puede llegar a ser satisfactorio hasta cierto punto, o también doloroso.
Siempre me han tenido por rara, extraña. Yo me calificaría más
bien ‘diferente’ o ‘peculiar’ que connotan algo más positivamente mi forma de
ser.
Nunca me he parado a definirme, pero llegan tiempos duros a
mi ‘’vida’’ o a eso que tengo, que no sé cómo se llama, y creo que me hace
falta analizarme para ser fuerte.
Mi ‘’vida’’ es una incoherencia, es un teatro de estos
irónicos, surrealistas, dramáticos o simplemente una puñetera pesadilla.
Las cosas que veo a mi alrededor me repugnan, a la vez que
otras me parecen surrealistas y muy tristes.
Odio tantas cosas. Me dirán quisquillosa pero lo siento, no
puedo con injusticias, desprecios y malas palabras hacia cualquier persona. Es como
si me lo dijeran a mi.
Odio todo aquello que connota desprecio. Odio el
materialismo y la posesividad. Odio toda aquella persona que le quita la vida a
otra por puro entretenimiento y le hace sufrir de forma impasiva como si de un
objeto se tratase. Odio la mentira a grandes escalas, de esas mentiras que
hasta el propio mentiroso acaba creyéndose y hacen un daño increíble. Odio la hipocresía.
Odio la prepotencia y los aires de grandeza. Odio las miradas por encima del
hombro. Odio las medias palabras. Odio que la gente aparezca cuanto todo va
mal, y cuando eso pasa se las trague la tierra y te miren como a desconocido. Odio
que la gente no valore las cosas que se hacen con buena intención. Odio lo
injusto. Odio dar tanto, para recibir tan poco. Hay una lista interminable, no sabría
donde acabar…o quizás sí. Odio odiar tanto. Odio toda esa ira que me consume
por dentro. Me odio a mí.
No todo lo que hay en mi es odio, para nada. Adoro hablar y
escuchar. Adoro dar consejos y ser coherente. Cerrar los ojos, imaginar y
sentir. Adoro escribir y expresar todo aquello que pasa por mi mente. Adoro la
música, escribirla, cantarla y tocarla. Adoro las cosas simples, sencillas. Adoro
que me quieran y querer sin límites. Adoro mirar las estrellas, sola o
acompañada. Adoro estar con quien quiero, en el lugar más humilde que exista, sin
lujos ni gastos innecesarios. Adoro conocer personas y no a gente. Adoro hacer reír
, es mi incentivo para seguir viviendo, ver a la gente que quiero feliz. Esa felicidad
que yo jamás podré tener.
Mi vida es un bucle de amor y odio constante. ¿Quién ganará
este pulso?
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