Ni a las palabras se las lleva el viento ni nada parecido. Las
palabras no existen, en el momento en que se ponen de manifiesto ya no son
nada. Por esa mera razón, muchas veces nos hacen tanto daño, porque nos
aferramos a ellas como si de hechos se tratasen. Como para ponernos una venda,
y no ver eso llamado vida, que tanto nos hace morir. Como para huir de una
firme verdad que a todos nos aterra. Todo es una mentira.
Hasta los hechos los pongo en duda, detrás de ellos no hay
más que palabras, siempre falsas. Si alguna vez nos sentimos bien por ellos,
nos estamos engañando, eso es tan efímero como un simple segundo en toda una
vida.
Opté por conformarme, por tomar lo más pequeño y hacerlo
mío. Quizás para convencerme, quizás para consolarme. Sirve por momentos, hasta
que me doy cuenta lo tonta que soy por autoconvencerme de algo tan idiota. Ya no
tengo ganas ni siquiera de perseguir eso, para luego decepcionarme, no.
Es inútil, pienso todo esto y después soy la primera que me
conformo, que se preocupa, que no puede evitar mirar por ciertas cosas. Una vez,
una persona sabia me dijo si alguien no habla contigo, es porque no quiere que
tú le dirijas la palabra.(¿Entonces si a alguien no le importas, es porque
quiere que no le importes, no?)
A lo mejor soy
demasiado repugnante, y también intolerante, perdonad no fui consciente. Menuda
antítesis e ironía.
A lo que añado yo, eso va a ser ese famoso ‘karma’ y hasta
ahora no me había dado cuenta de cuán maldad podía encontrar en mí, para que
todo saliese, como todo a mi me sale: mal.
Quién sabe, lo mismo en mi anterior vida, fui un asesino a
sueldo, no sé. Buscarle explicación a todo esto, sinceramente, no es mi fuerte.
Seguí indagando y entonces entré en un ciclo confuso del que
no conseguí salir.
Conclusión: ‘’’La culpa es yo’’’ (Cuánto egocentrismo, y egoísmo ¿no?)