Pensar y pensar, y no sacar ninguna conclusión, ni nada
claro. Buscar un por qué a todo, un inicio, un origen pero sin pensar en el
fin. Yo me encuentro en medio, no encuentro ese origen pero tampoco pienso en
ese fin, estoy estancada no sé en qué, ni para qué. No estoy bien pero tampoco
estoy mal. Ya no sé realmente qué es querer, pero sí lo que es poder. No sé lo
que es ser feliz, pero sí superar. Sé lo que es perder, demasiado bien diría yo
y quizás piense que no sé que es ganar, cuando en el fondo, he ganado.
No sabemos qué es la felicidad, por ello la gran mayoría
lamenta no tenerla. Si la tienes al lado y no la ves, el problema es tuyo. La
felicidad no es en su medida lo que todos creemos o esperamos. No es algo a
largo plazo, es algo que debemos captar día a día, pero nadie sabe, ni siquiera
yo.
Felicidad no es ganar siempre, sino no perder, mantener,
conservar aquello que necesitamos en nuestra vida. Si un día pierdes, al día
siguiente hemos de pensar en lo que aún mantenemos.
El riesgo, la sensación de estar a punto de perder, es la
que te hace darte cuenta de cuán feliz puedes llegar a ser si al final todo
queda en riesgo. El ser capaz de mirar hacia atrás y ser consciente de lo que
aprendes, de todo lo que has hecho, y queda, de todo lo que superas, de toda la
fuerza que tienes.
De ver el camino y aunque duela, no querer borrarlo, tenerlo
siempre en mente. Dar cada paso con firmeza, para hacer del pasado un presente,
y del presente un futuro.
Y entonces cuando una lágrima caiga, tragártela, respirar
profundo, sonreír y que gane el más fuerte.