Un largo silencio y solo un pensamiento. No hay nada que
hacer. Dos lágrimas se deslizan por mi mejilla, suaves, calladas, sin rumbo,
sin un sentido. Al igual que mi vida. Día tras día, replanteándome cada cosa
que hago, digo o pienso. Al borde de desistir, buscando un motivo, una razón,
un momento para aferrarme y poder seguir.
Todas esas risas que inundan mi dia a dia, son mentira, es
una simple táctica para llenar cada vacío que hay dentro de mí. Un mecanismo de
defensa, una coraza para ser fuerte.
No soy la única que lo pasa mal, de hecho estoy rodeada de
personas que seguramente estén peor que yo. Y me siento tan egoísta.
Aquellas personas que sufren, que tienen que buscar una
manera de seguir con sus vidas por encima de todo, luchando a cada minuto sin
tirar la toalla, son las mejores. Esas personas que se tragan ese nudo que
tienen en la garganta para sonreír ante todo. No hay que ir muy lejos para
encontrarlas, tú, yo y todos estamos rodeados de ellas.
Para mí no es ningún consuelo saber que hay gente con su
vida perdida y hecha polvo, pero me hace
creer que de todo se sale y que hay que disfrutar pase lo que pase, porque no
sabes si mañana todo puede haber cambiado.
Esas personas son grandes, aunque ellas mismas no se lo
crean. Y aunque yo misma me niegue a verlo muchas veces, tengo a personas
demasiado grandes a mi lado.
Alguien me dijo que estamos solos en el mundo. Pero disfrutar
de palabras de esas personas, de consejos, de experiencias. Escuchar no tiene
precio. Me llena tanto saber, conocer a gente que vale la pena. Es fascinante.
Sé que no lo leerán pero hoy a esas personas que lo pasan
mal, pero que están ahí para sonreír, para ayudar, y para dar todo lo que
tienen aunque no les quede nada, les doy las gracias. A todas esas personas que
me dedican su tiempo sin apenas conocerme, y me dan caña para que supere mis
miedos, y mis inseguridades, les doy las gracias.
Estamos solos en el mundo, pero estar rodeado de vez en
cuando y disfrutar de la presencia de estas personas, no viene nunca de más.